En pandemia subí de peso, si lo confirma la báscula me voy a deprimir
Mientras muchos quieren volver a trabajar a sus respectivas oficinas, Alma cruza los dedos, por lo contrario. "Deseo que el home office continúe para que pueda recuperarme y bajar de peso. Me daría vergüenza volver a salir porque me siento gorda", acepta. Sus cálculos estiman que subió de peso un kilo por mes, cinco kilos extra por cada mes de pandemia; naturalmente, lo último que desea ver en este momento, es una báscula.
"Sé que estoy gorda porque lo medí con la ropa; si me peso y lo confirmo, me voy a deprimir", dice. De alguna manera, le consuela saber que no está sola en esto: su roomie también subió de peso.
Al principio, en marzo y abril, fue como fiesta ¡Comimos puras porquerías! Y pedíamos que la pizza, el Kentucky, la hamburguesa... Todo por flojos, sobre todo en la comida; en la cena eran tacos. En realidad, no coincidíamos mucho en casa, hasta la pandemia; así que aprovechamos el tiempo para la convivencia y comer juntos... y el entramos bien sabroso
La sabrosura sólo duró un mes luego de que las cuentas bancarias dieron señales de asfixia. "Estábamos gastando demasiado; el primer mes bien contentos, pero cuando llegó el corte de la tarjeta de crédito vimos que era mucho dinero que se estaba desequilibrando. En mi caso calculo que habrán sido unos mil o dos pesos más de lo normal", contabilizó.
Alma no será la única mexicana en esta condición; pero sí la primera que cuenta este otro lado íntimo de la pandemia a La Silla Rota pues si bien las autoridades de salud exhortaron desde el inicio a realizar actividades físicas desde casa y bajo la sana distancia, la realidad es que esta no fue una elección posible para todos: el home office de Alma es intenso y le requiere un promedio de doce horas diarias en un momento en que las ventas por internet fueron una opción para todos.
Termino de trabajar ya tarde, casi medianoche. Y cuando lo hago, en lo que me distraigo con la televisión para relajarme y cenar, vengo durmiendo entre dos y tres de la mañana. No me dan ganas de hacer ejercicio de madrugada, ni de levantarme temprano para ejercitarme, es la verdad. Desde que noté mi sobrepeso estoy con que el lunes empiezo el ejercicio, y así se me van los días
"AQUÍ NO CABES" GRITARON LOS JEANS
Alma los escuchó, indignados de haber sido cambiados por pants y mallones desde que comenzó a trabajar a distancia. Es comprensible ¿Quién quiere pasar doce horas de trabajo, pegado a una silla y computadora, enfundado en unos sexys jeans y tacones? ¡Por Dios! Lo único que una mujer desea en ese momento es ropa cómoda con que amortiguar esas largas jornadas.
Por eso hace un mes, cuando Alma necesitó ponerse unos jeans para salir a la calle, éstos le echaron en cara su abandono. "¡Oh sorpresa! El que más me gustaba no me quedaba, me cerraba apenas ¡Tuve que acostarme en la cama para que cerrara! Sentí mucho que ese pantalón, que es el que usualmente me ponía, ya me quedara bien".
¿Se habría equivocado? Sólo hubo una manera de salir de la duda. "Me puse a revisar la ropa, pantalón por pantalón: todos súper apretados y si no te cierran, ya no hay forma. No había necesitado vestirme así, viví del pants. Luego dije pues de una vez checo toda mi ropa y resultó que la que me quedaba grande, ya me queda bien; y la normal incluidas las chamarras cierran súper apretado... Se ve feo, no, mal, mal, mal. Y pensé esto ya es un exceso ¡Debo parar!".
En los últimos días Alma hizo un recuento del inicio silencioso de su sobrepeso, que, aunque no es mórbido de ninguna forma, lo vive con sentimiento, en medio del home office y una mudanza necesaria que le dieron más cuerda a su ansiedad. Encontró que en lugar de hacer cinco comidas al día (como dictan los nutriólogos), sólo hace dos lo que hizo más lento su metabolismo y, por ende, la quema de calorías. Detectó que, entre estas comidas, los chuchulucos y refrescos son parte de su escritorio de trabajo; y que el estrés del encierro de la pandemia supo mejor -en compañía de su roomie- con alguna cerveza, y que la mejor compañía de una cerveza, es otra botana.
"Noté el primer mes de encierro que me inflamé, empanzone muchísimo", dice con gracia, aunque en el fondo de su voz hay un poco de culpa. "Cuando me vi en el espejo la panza ¡cañón! Fue el primer impacto. Lo bueno es que cuando prohibieron la cerveza la dejamos de tomar; pero hubo un mes en que me fui con mis papás y ahí cambió de nuevo mi forma de comer porque en su casa siempre hay mucha comida; y aunque volví a comer sano, no eran las dos comidas que suelo hacer, sino tres y con postre".
"Cuando volví al departamento con mi roomie vino otra vez tuve el desbalance; hacemos juntos el super y cuando compramos una bolsa de botana elegimos ¿chica o grande? No, pues la grande, según, para que nos dure varios días; la realidad es que nos la acabamos en una tarde. Me entra tristeza porque empecé dieta al inicio de año", cuenta durante esta entrevista mientras le viene un acceso de tos por una razón obvia: está comiendo algo en ese momento y sigue tosiendo por segundos hasta terminar el bocado.
"Valió gorro mi esfuerzo", lamenta. "Ahorita no me preocupa mi sobrepeso porque no salgo, sólo me ve mi roomie y mis papás. Pero sí me daría un poco de vergüenza salir con mis amigos porque siento que sí engorde mucho. Creo que el primer mes me pegó más porque me encerré y no vi a mi familia; ellos no son muy tecnológicos para hacer videollamadas, quizás eso también influyó en mí forma de comer. No creo haber sido la única, una cuestión anímica de no saber qué íbamos a hacer, qué iba a pasar, había miedo, ansiedad; fue demasiado para mí, incluso afectó mi sueño. Hubo madrugadas que no dormí hasta las cinco o siete de la mañana. Y obvio, no tenía ganas de cocinar al día siguiente, era un círculo".
Espero que el cambio de departamento, al tener un parque cerca, me permita activarme un poco. Pero falta que me decida a hacerlo. A estas alturas de la pandemia, aun no tengo el ánimo de salir a hacer actividad física, no me siento motivada y percibo que la gente a mi alrededor está igual. Creo que nadie hubiera deseado vivir esto, agradezco por el tiempo que estuve con mi familia porque lo disfruté. Pero al final vivir esta pandemia, es como estar dentro de un paréntesis... con cinco kilos más.
Con información de La Silla Rota
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