David halló su primer empleo en el INER; se contagió y fue despedido

Redacción

La ilusión de obtener su primer trabajo y servir al país en medio de la contingencia por el virus covid-19 es la peor pesadilla para David. Recién graduado y sin empleo, el joven egresado de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENOE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), confió en el llamado del subsecretario de SaludHugo López-Gatell, para postular por un contrato temporal en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

La contingencia sanitaria y la falta de personal para atender a pacientes llevó al gobierno a pedir el apoyo de trabajadores del sector salud para ayudar en la pandemia. Una de las personas que respondieron al S.O.S fue David.

El joven de 26 años y padre de dos menores concurso por una plaza para trabajar como enfermero en el INERDavid fue una de las 150 personas que obtuvieron un contrato temporal para laboral del 1 de abril al 30 de junio. 

A cambio de sus servicios el personal del Departamento de Empleo del INER se comprometió a pagarle 22 mil pesos mensuales, garantizarle un seguro de vida en caso de muerte por el virus, así como atención médica por contagio.

Hoy, ninguna de esas prestaciones existe. David, está en el olvido. Fue despedido con engaños, en medio de una situación económica precaria. Él, sus padres, y cinco de sus familiares están contagiados. No tiene recursos para atender las secuelas del virus covid-19 que contrajo él, y su familia por falta de capacitación y equipo de protección al atender a más de cuatro pacientes infectados (a la vez) en el INER.

Esta es la historia de David, un habitante del municipio de Tultepec, Estado de México, un héroe de capa caída que está apunto de enfrentar su mayor batalla (si el virus se lo permite) en juzgados federales para exigir que se respeten sus derechos laborales en medio de la contingencia, una realidad que comenzó con el S.O.S de Hugo López-Gatell.

El contrato que nunca existió

La mañana del 1 de abril David acudió al Departamento de Empleo del INER para presentar documentos luego de ser una de las 150 personas que obtuvieron un contrato temporal para trabajar por la falta de personal originada por la contingencia del covid-19.

Registrado en el sistema con el número 8190, David inició su trabajo el mismo día en que fue citado para presentar documentos. Un curso breve sobre el uso del equipo de protección fue la única capacitación con la que comenzó a laboral, ese mismo día en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

 

A finales de marzo me enteré de la convocatoria a través de redes sociales. Fui porque decía que era urgente y necesitaba el trabajo. Me hicieron evaluaciones y me pidieron documentos. Cumplí con todo lo que me solicitaron. El 1 de abril me citaron para decirme que comenzaba a trabajar. Yo no esperaba que fuera tan pronto. Me pidieron que fuera a un aula junto con otras personas el 1 de abril. Nos dieron una breve capacitación sobre uso del equipo. Sólo nos dieron a firmar una hoja en la que nos daban un seguro de vida, pero nunca nos proporcionaron o dieron un contrato

El seguro era en caso de muerte, cerca de 200 mil pesos", narra el joven de 26 años.

Sin capacitación David comenzó a ayudar a enfermos contagiados por el virus. Su falta de experiencia fue llenada al estilo México: sobre el camino, entre consejos de compañeros y personal más longevo.

El protocolo marca una enfermera o enfermero por paciente, la realidad lo superaba. David atendía hasta cuatro infectados a la vez.

En un principio estaba en terapia intensiva. Mi jefe o compañeros nos enseñaban. Luego me cambiaron a neumología. Al transferirme nos dicen no hay jefe de servicio, todo el personal se fue por incapacidad o permisos laborales debido a su estado de salud. Dejaron a una compañera que ingresó el mismo día que yo como encargada. No teníamos a aquí acudir. No había equipos, medicamentos, médicos, nada. Pero entre todos nos acompañábamos, nos ayudábamos. Nadie nos decía nada, nos dejaron solos

Con carencias el joven enfermero ayudó a sanar a personas que nunca conocerán su identidad. Permaneció en silencio dando lo mejor de él, en beneficio de mujeres y hombres, y en respuesta al llamado del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

El contagio

El primer pago de David llegó el 1 de mayo (un mes después de que comenzó a trabajar). Al principio, le entregaban el equipo de protección básico. A pesar de las adversidades continuó laborando. El joven tomó dinero de su bolsa para comprar goggles, guantes o insumos de protección, material de protección que el gobierno federal, a través de múltiples conferencias, asegura ha abastecido.

La realidad no tardó en alcanzarlo cuando de 8 de mayo le notificaron que ya no se entregaría material, ya que el equipo sería reutilizado por la alta demanda que ha originado la contingencia sanitaria.

Por lo menos, eso deja al descubierto un oficio firmado por Edgar Enrique Sevilla Reyes, presidente del Comité de Bioseguridad, documento del cual tiene copia La Silla Rota. Ese mismo documento es dirigido a Jorge Hernández, director General; Elizabeth Roque Martínez, directora de Administración; así como a Oscar Ramos López, secretario General de la Sección XVI SNTSA del INER.

Dos semanas después, las carencias del sector salud llevaron a David a comenzar a vivir la peor pesadilla de su vida. Dolor de cabeza, fiebre y dificultad para respirar fueron los primeros síntomas de un contagio anunciado.

El 20 de mayo comencé a sentirme mal. Fiebre, dolor de cabeza y dificultad para respirar fueron los primeros síntomas. Me sentía muy mal, por lo que pedí ayuda a los jefes de piso, pero comentaron que siguiera trabajando. Por la insistencia me hicieron la prueba el 26 de mayo y quedaron de notificarme el resultado. Esos días deje de trabajar, me sentía mal. El 30 de mayo me hablaron para decirme que no tenía el virus, y para decirme que terminaba mi contrato por inasistencia

El tormento

Después de ser notificado de su despido, David decidió hacerse una prueba en un hospital particular. El resultado dio positivo, por lo que notificó al INER del resultado. Sin embargo, el Departamento de Relaciones Labores del INER no le creyó, e incluso, lo retó a comprobar su contagio.

Me comentaron que yo tenía resultado negativo, e incluso me retaron a comprobar que tenía el virus. Les mandé el resultado, pero no me creyeron. Me dijeron que mi contrato estaba terminado por faltas. Yo deje de ir porque me sentía mal, no por gusto

La suerte de David cambió. A partir de ese momento, la alegría que tuvo David al obtener su primer trabajo como profesional, se ha convertido en su peor pesadilla. Su papá y mamá (61 y 59 años) dieron positivo. Cinco más de sus familiares están contagiados. Sus hijas, de cinco y tres años, así como su esposa tienen síntomas.

Los gastos para tratar de revertir las secuelas del virus alcanzan más de 300 mil pesos. Todo por buscar un empleo en plena contingencia en la llamada Cuarta Transformación que ha pregonado el apoyo a los jóvenes y al sector salud.

Tengo dos hermanas que ya dieron positivo, sus parejas igual. Sus hijos, mi esposa, así como mis dos niñas tienen síntomas. Mis papás y un hermano están delicados, están conectados al oxígeno. Ello me requiere gastos. La ayuda de mis familiares me ha sacado de esto, pero del gobierno no he tenido nada

David sólo pide que se respeten las cláusulas de su contrato laboral. Que el INER acepte que mintió para despedirlo, y que le ocultó el resultado de la prueba que era positiva. Que se cumplan los derechos laborales de sus compañeros, ya que hay varios que enfrentan la misma realidad".

Demando que se reconozca que me mintieron al darme un resultado negativo para correrme por faltas injustificadas mientras convalecía en casa y esperaba el resultado. Pido derecho a la incapacidad, a la que tengo derecho, y que el INER se haga responsable de los trabajadores contagiados. Si el Instituto reconoce su error regresaría trabajar porque mi pasión es ser enfermero

La historia de David es una de los cientos que se tejen este momento en juzgados federales en juzgados federales, realidades que dejan al descubierto las carencias del sector salud, así como la inexistencia de derechos laborales en plena contingencia.

Con información de La Silla Rota