- Sociedad
Reflexiones de Carlos Antonio Mimenza Novelo: liderazgo, conflicto y relevos generacionales
Según el Edelman Trust Barometer, el 63% de las personas en más de veinte países considera que sus líderes políticos y empresariales están “desconectados de la realidad cotidiana”. Esta brecha, cada vez más visible en sociedades sometidas a cambios acelerados, sirve como punto de entrada para las reflexiones del empresario quintanarroense vinculado al desarrollo inmobiliario, Carlos Antonio Mimenza Novelo, quien observa en esta distancia uno de los mayores desafíos contemporáneos del liderazgo. Su trayectoria vinculada al ámbito inmobiliario, la gestión territorial y experiencias de activismo comunitario le permite analizar cómo se han transformado —o quedado atrás— ciertos patrones de autoridad.
Carlos Mimenza sostiene que la forma en que se forman los liderazgos jóvenes se ha vuelto un tema urgente. No se trata únicamente de advertir carencias, sino de comprender que quienes aspiran a ocupar posiciones de influencia requieren algo más que habilidades técnicas. Su planteamiento surge de haber trabajado en escenarios donde coinciden tensiones sociales, intereses divergentes y decisiones que afectan directamente a comunidades. Desde allí propone preguntarse si los futuros líderes cuentan efectivamente con las herramientas necesarias para enfrentar realidades complejas.
¿Cómo interpreta Carlos Antonio Mimenza Novelo la preparación emocional y el valor del conflicto?
Uno de los aspectos que subraya es la preparación emocional. Para Carlos Antonio Mimenza Novelo, este componente está ausente en buena parte de los procesos formales de formación. Las decisiones que implican impactos colectivos no pueden tomarse sin un sostén emocional sólido, capaz de resistir momentos de presión, contradicciones internas y dilemas éticos. Menciona que no todo puede aprenderse en manuales ni en aulas; hay aprendizajes que surgen del roce directo con la frustración, la negociación y la gestión de conflictos que, a menudo, revelan los límites personales.
Desde esa lógica, incorpora una idea poco habitual en discursos tradicionales: el conflicto como espacio de aprendizaje. Carlos Mimenza considera que evitar tensiones por principio puede generar liderazgos frágiles. En situaciones adversas —señala— es donde se vuelven visibles la integridad, la claridad argumentativa y la capacidad de escuchar sin perder criterio. Para él, los conflictos no constituyen un fracaso, sino una forma de ensayo permanente en la que cada persona tiene la oportunidad de ajustar decisiones, revisar posturas y comprender los matices de las relaciones humanas.
Otro punto relevante es su crítica al distanciamiento entre empresarios y problemáticas sociales. Asimismo, cuestiona la tendencia de algunos sectores económicos a operar en burbujas, sin contacto directo con los entornos donde se desarrollan sus actividades. La idea de que la rentabilidad pueda analizarse sin considerar desigualdades, accesos u oportunidades le parece incompleta. Su reflexión apunta a que la empatía —entendida como comprensión real del territorio— no es un gesto retórico, sino un componente que incide en la calidad de las decisiones.
Carlos Antonio Mimenza Novelo y el problema del relevo generacional real
También identifica como un problema estructural la ausencia de un relevo generacional auténtico. Para Carlos Mimenza Novelo, existe una contradicción frecuente: se idealiza a los jóvenes como agentes transformadores, pero rara vez se les otorgan responsabilidades genuinas. En su lectura, esta práctica produce una brecha entre discurso y realidad que impide la formación de liderazgos sólidos. Considera que permitir que otros asuman espacios, acompañarlos sin imponer y reconocer la posibilidad de que tomen decisiones diferentes es una condición indispensable para que las instituciones evolucionen.
Los valores que el empresario Carlos Antonio Mimenza Novelo considera irrenunciables en un liderazgo ético —coherencia, respeto, capacidad de reconocer errores y humildad— adquieren una función clara dentro de su planteamiento. La coherencia actúa como el puente entre la palabra y la acción; el respeto se convierte en la base de cualquier relación humana o profesional; la humildad opera como recordatorio de que ninguna posición otorga superioridad moral. Cada principio se presenta como una referencia flexible para quienes buscan ejercer influencia de manera responsable en escenarios marcados por contradicciones y exigencias crecientes, más que como una fórmula cerrada o una estructura rígida que deba reproducirse sin matices. (MCJ)
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