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Posó y se fue: la visita exprés de Marijose Gamboa en Pacho Viejo

  • Miguel Ángel León Carmona
Su lugar no pudo ser utilizado en audiencia por desaparición forzada por familiares de desaparecidos.

Xalapa, Ver.- Unas 30 mujeres -entre madres de desaparecidos y esposas de policías detenidos- se disputaban nueve lugares en la sala cuatro del Poder Judicial. “Les pido su comprensión, señoras”, se excusó el encargado del lugar, mientras abría un espacio pequeño, pero exclusivo, a la diputada María Josefina Gamboa Torales.

El ingreso VIP de la legisladora, algunos de los presentes, creyeron, se debió a su titularidad en la Comisión Especial de personas desaparecidas, en el congreso de Veracruz. No obstante, de las 30 horas que cumple la audiencia de imputación contra 19 ex servidores públicos por desaparición forzada de personas, ella apenas permaneció 20 minutos.

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Aun cuando el reglamento prohíbe la entrada de cualquier aparato electrónico, la ex conductora de noticias posó para la lente de un celular; su sonrisa y su mirada retadora quedó grabada en una fotografía junto a Carolina Moreno Díaz, oficial de Derechos Humanos de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en México.  

Cobijada por su ex abogado de cabecera, el ahora fiscal general Jorge Winckler Ortiz, se esperaba que Gamboa Torales acompañara a los familiares de desaparecidos en una audiencia que marcará un antes y un después en las desapariciones forzadas en Veracruz. No fue así.

La legisladora desperdició la oportunidad de ver al exsecretario de Seguridad Pública del Estado (SSP) pedir ante la jueza de control que se hicieran valer sus derechos como ser humano; garantías que ella misma denunció en 2014 le fueron privadas por el exfuncionario, entonces titular de la SSP, cuando ella estuvo presa en el penal de Tuxpan, Veracruz. 

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Sin más, Torales aprovechó que la puerta de la sala cuatro estaba abierta y salió del recinto. Antes de llegar hasta su vehículo y salir con dirección a Xalapa, caminó por el patio del Poder Judicial, donde 26 mujeres -las que no pudieron ocupar su silla en la sala de audiencias- se recogían las lágrimas por no saber de sus esposos, o aguardaban un turno para carearse con los presuntos responsables de las desapariciones de sus hijos.

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