Ola de suicidio infantil en San Juan Evangelista genera sicosis

Rodrigo Soberanes / La Jornada Veracruz

San Juan Evangelista, Ver.- “Cuando no hay chisme, no hay nada. Y cuando no hay nada, hay chisme”, dice don Evaristo en una plática del medio día en el mercado de un pueblo asfixiado por el calor, el aburrimiento y, recientemente, la psicosis por el suicidio de dos niños.

Las calles de San Juan Evangelista están vacías y calladas. Como municipio ganadero que es, su actividad económica está en las afueras del pueblo. El mercado es un simple conjunto de puestos donde hay más historias y versiones inventadas que actividad comercial.

Los niños Hugo Orlando Mortera Alemán, de 15 años, y Luz del Carmen Morrugales, de 11, se suicidaron ahorcándose en sus casas un periodo de cuatro días. Sus compañeros están llenos de dolor y desconcierto, mientras que el vox populi y los medios de comunicación alimentan el morbo.

Hugo Orlando, a quien llamaban El Grillo, cursaba el tercer año de secundaria en la escuela Técnica 89 de San Juan Evangelista. El viernes pasado, un día en que estuvo de buen humor como era usual en él, fue hallado ahorcado en su cuarto con una soga amarilla.

Dejó una carta póstuma donde pedía un homenaje en su escuela acompañado de música de batucada y sus canciones preferidas. Su deseo fue cumplido y sus compañeros los despidieron el lunes por la mañana en un acto de cuerpo presente antes de ser llevado al sepulcro.

Hubo niños que comentaron que “se sentía muy chido los honores”, dijo la directora de la escuela primaria Alfonso Arroyo Flores, Ana Guadalupe Trole Gutiérrez.

Entre los que asistieron estaba la niña Luz del Carmen, de quinto año de primaria de esa escuela. El lunes a las cinco de la tarde también se ahorcó en su cuarto. Igual que Hugo Orlando, pidió que le hicieran un homenaje pero las autoridades de su escuela y sus padres estuvieron de acuerdo en no hacer “nada de lo que pidió”.

“Ella presenció todo el acto de los honores, el funeral, desde que estuvo en la casa del niño hasta el sepelio. Estuvo cerca del cadáver, ella lo vio. Y a las ocho de la mañana la llevaron a la Técnica y ella estuvo ahí”, contó la directora.

A partir del martes se dijo que en la red social Facebook que otros 17 niños cometerían suicidio, que se había puesto de moda jugar a la Güija y que los conductores de los “mototaxis” le estaban metiendo ideas a los niños. Y en los medios de comunicación se esparció la versión de una carta póstuma de la niña donde advertía de nuevas desgracias.

Las escuelas están en alerta. Los padres de familia acuden en las tardes para platicar con los maestros y ponerse de acuerdo en cómo manejar la situación y en el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) municipal, la psicóloga de esa institución, Ana Burizán Romero Isidor recibe el doble de consultas (12) cada día para atender la psicosis que se enquistó entre los niños y los adultos.

En la escuela secundaria, todos los alumnos están tomando cursos con la trabajadora social. Este jueves, unos 40 adolescentes abarrotaron un salón con calor infernal para ver unas diapositivas donde se explicaba “qué es la autoestima”.

Afuera del salón, la plantilla de maestras se queja del alud de historias y acusaciones que rondan la escuela. Ven la tragedia como un hecho aislado y lamentan que las desoladas calles de San Juan Evangelista no ofrezcan ningún esparcimiento a los jóvenes.

“¡Ahorita en la población se mencionan tantas cosas!”, lamentó la directora de la secundaria, Benita Cortés Jiménez, que no se explica la decisión de Hugo. No tiene ni una sola pista. “El niño no presentaba ningún síntoma de depresión, andaba contento. El detalle es que se suicidó y no sabemos los motivos”.

Tres niños que estudian en la Técnica 89 cruzan todos los días el panteón para llegar más rápido a su casa. Este jueves se encontraron en su camino a la tumba de su ex compañero.

“Cuando me enteré, pensé que era mentira. Todos fueron a verlo a su casa, a sus familiares. En nuestras casas nos dicen que no vayamos a hacer eso pero es mentira que lo vayan a hacer más niños”, dice junto a la tumba Agustín, que quiere ser agrónomo un día.