¿Por qué debería preocuparse México?

  • Matthew Hone

En 2017, la revista estadounidense US News and World Report publicó un artículo de opinión sobre cómo detener la crisis de los opioides en Estados Unidos. La recomendación propuesta por Matt Mayer, autor del artículo y exfuncionario de alto rango del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, consistía en una invasión militar estadounidense a México. En ese momento en particular, tal sugerencia parecía muy marginal, y mucho menos realista, pero en menos de una década las corrientes políticas han cambiado drásticamente a la luz de la segunda presidencia de Donald Trump y la sugerencia de Mayer ahora parece haber saltado al ámbito de lo posible.

 

Algo que no debe perderse de vista, tras la destitución y detención forzosa del presidente venezolano Nicolás Maduro, son las continuas provocaciones dirigidas por el Gobierno de Donal Trump hacia otras naciones, desde Groenlandia hasta los países latinoamericanos de Colombia, Cuba y México. Si bien las agresivas propuestas del presidente estadounidense hacia Groenlandia tienen todas las características de una cortina de humo política, dado que su popularidad interna se desploma, las amenazas contra los países latinoamericanos, antes mencionados, deben considerarse más sustanciales, nada más por el hecho de ver hacia atrás, la larga historia y frecuencia de intervenciones estadounidense que ha sufrido la región, desde la Doctrina Monroe hasta la Guerra Fría y la reciente encarnación de la Guerra contra las Drogas.

 

Aunque no parece haber un plan político o militar coherente para Venezuela, aparte de la intención manifiesta de explotar y confiscar los recursos naturales, muchos analistas han percibido la destitución de Maduro como un medio para saldar viejas cuentas y acelerar el colapso del gobierno cubano, impidiendo que el petróleo venezolano llegue a la isla. Sin embargo, según el senador Richard Blumenthal, demócrata y miembro del Comité de las Fuerzas Armadas: «No hay ningún plan para Venezuela, y mucho menos para Cuba. No hay un objetivo final. No hay estrategia». Teniendo en cuenta esta declaración, así como contextualizando una serie de respuestas provocadoras dirigidas tanto a aliados como a adversarios, esta errática tendencia en la política exterior debería hacer sonar las alarmas en lugares como México y más allá.

 

Desde la persistente campaña basada en asegurar la frontera sur de Estados Unidos con México y las acusaciones sin fundamento que equiparan la migración con una invasión extranjera y una amenaza a la integridad nacional, hasta llegar a calificar a las organizaciones criminales como terroristas extranjeros, en lugar de un problema de orden público, la administración de Trump ha atacado verbalmente a la soberanía de México. El propio Trump ha declarado públicamente que México es un Estado fallido gobernado por los cárteles, sin aportar pruebas que respalden estas afirmaciones. 

 

Recientemente se han emitido advertencias de que el ejército de Estados Unidos atacaría objetivos terrestres relacionados con presuntos cárteles en México, esto, a pesar de que no ha habido información, transparencia ni rendición de cuentas sobre los más de 30 ataques a embarcaciones registrados, que ha llevado a cabo Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico, lo que supone un uso de la fuerza letal y que, de acuerdo con la mayoría de los expertos, viola directamente el derecho internacional. La destrucción de presuntas «narcoembarcaciones» y el asesinato de sus tripulaciones podrían ser un precedente de operaciones militares unilaterales más significativas por parte de Estados Unidos, cuyos objetivos siguen siendo poco claros y, al igual que en Venezuela, carecen de un verdadero objetivo final.

 

A medida que aumenta la presión para permitir que las fuerzas militares y de inteligencia estadounidenses realicen operaciones «conjuntas» dentro de territorio mexicano, lo único que cabe esperar es una alianza basada en la coacción. El gobierno mexicano puede satisfacer las demandas estadounidenses solo durante un tiempo limitado pues, tal y como nos ha demostrado la historia, la cooperación y el apaciguamiento tienen sus límites, y este nivel de exigencias seguirá aumentando hasta alcanzar niveles poco realistas. Las recientes protestas internas y los desastres políticos dentro de Estados Unidos solo harán que la administración del presidente Trump sea más peligrosa en el exterior, ya que podría intentar generar distracciones. Una de estas distracciones podría muy bien ser la violencia dirigida hacia sus vecinos, siguiendo el ejemplo de otros líderes mundiales impopulares que sobreviven principalmente gracias a la fuerza, como Vladimir Putin. La administración del presidente Donal Trump ya ha demostrado, en más de una ocasión, su desacato al estado de derecho y, a medida que se ve acorralada políticamente en una lucha por su propia supervivencia, es muy probable que la racionalidad sea sustituida por una escalada de agresividad. Existen suficientes precedentes, no para garantizar que Estados Unidos invadirá México de una forma u otra, pero sí para que México se preocupe, por lo que su vecino del norte pueda hacer a corto plazo.