En compras del Día del Niño, pasillos de juguetes lucen sin pequeños
"'¡Pinche vieja! ¿Y dónde quiere que deje al niño? ¿Cómo va a escoger su juguete?'", cuenta la cajera de una tienda de autoservicio sobre el encuentro con una clienta. "Le tuve que responder a la señora que es disposición oficial, desde hace una semana está prohibido el paso a la tienda con niños y es obligatorio el uso de cubre bocas. Ahí está el letrero en la entrada. Y que me dice: '¡Es usted una estúpida!'".

"Y en lugar de irse con el niño fue a dejarlo al estacionamiento, pero regresó a la tienda a comprar. Ahí se quedó el niño solito afuera, pero la verdad sí se está poniendo la gente muy pesada y no quieren respetar la medida", lamenta.
Ahora comprendo por qué los juguetes están solitos ahí en los anaqueles, esperando ser elegidos por los papás de los niños. Por momentos, la sana distancia no existe en aquellos pasillos y un carrito choca con otro. "¡A mí, a mí! ¡Llévame a mí!", parecen decir con la mirada Barbie Princesa y Elsa de Frozen. Una madre no está segura de cuál elegir.
"Es más fácil cuando el niño está aquí porque viene escoge y ya, pero así ¿qué hago si no le gusta?", comenta.
Y aunque tiene razón, al final basa su decisión en un sencillo criterio: el precio.
Barbie Princesa es más económica que Elsa y en estos momentos, cien pesos son cien pesos.

Otra mamá pareció verse más lista: celular en mano marca un número y comienza a hablar. "Un favor, necesito que le preguntes cuál es la que quiere, si la Mujer Maravilla o la Superman... Siiiiii, enséñale la foto que te mandé y que te diga cuál... Aquí espero... No ¿Cómo que ninguna de esas?... Es que tienes que insistirle...". Tal vez no resultó tan buena idea consultarle a distancia a una niña, máxime cuando los niños necesitan ver, tocar, oler, sentir un juguete para saber de cuál de estos enamorarse.
En los carritos se repite la escena. Un padre -cubreboca en rostro-, lleva minutos tratando de elegir. Su cara expresa un dilema mientras toma un juguete u otro. ¿El rojo o el azul? ¿El mini o el tamaño mediano? ¿Volvo o Coupé? ¿Cuál podrá gustarle más? Hasta que de plano opta por dejarlos y seguir buscando alternativas. Camina a los juegos de mesa, una opción socorrida durante esta cuarentena por la pandemia, con el fin de promover la unión familiar en sustitución del aislamiento tecnológico: Monopoly, Jenga, Turista Mundial, rompecabezas... Sí, esto parece ser un rompecabezas.
Los Avengers pasan desapercibidos, quizás porque pasaron de moda o porque nadie considera necesario que su hijo, en este momento, lleve puesta la máscara de Iron Man, el casco de Thor o el guante del infinito de Thanos, cuando lo prioritario es un cubrebocas con filtro y un par de guantes desechables.
"A mí me fue mejor", relata otra mujer en el pasillo de muñecos bebés. "A mi niña le gustan los Nenucos y eso compre la semana pasada, más rápido".

La ausencia de los niños es más que palpable, notoria, evidente. Pero en esta tienda los voceadores se encargan de guiar a sus padres para que tras la visita el pasillo de juguetes, se dirijan al departamento de panadería y pastelería ¡porque el kilo de pastel tiene descuento!
Aunque ¿cómo olvidarse del departamento de dulcería? ¿De los bombones, chocolates y gomitas de colores? ¿O el de ropa y calzado para niños? No, ninguno de ellos tiene descuento -más que, claro, los benditos meses sin intereses en compras mayores de mil pesos-, no obstante, los voceadores se encargan de recordar a los papás, cada diez minutos, darse una vueltecita por ahí.
La realidad es que no todos lo hacen. No en tiempos de desempleo y recorte salarial, no en esta crisis económica donde la mayoría de las familias sigue priorizando la compra de despensa e insumos de limpieza, por encima de productos menos necesarios para sobrevivir al coronavirus.
Por eso, las Barbies se mantienen formadas y apiladas en cajas de cartón, igual que los Max Steel en sus diferentes variedades o la decena de bicicletas que cuelga del techo sin atrapar la atención de nadie. Ni de las moscas.

Sí, los juguetes también deberán adaptarse a los tiempos que marque el covid-19. No tienen alternativa, es sí o sí. Aceptar que en este momento (y hasta nueva disposición oficial) serán manos adultas quienes los elijan, por encima de las manos infantiles que ellos tanto desean tocar, si es que tienen suerte de ser comprados. Pero si eso no sucediera, solo les quedará conservar la ilusión de que, en Navidad, todo vuelva a ser igual.
Con información de La Silla Rota



