Las tiendas no esperan el día del papá... ¡sino el cambio de semáforo!

Redacción

Si el coronavirus no tuvo consideración por el día de la madre, menos por el día del padre. No me es difícil llegar a esa conclusión tras un largo recorrido por dos centros comerciales que con resignación acataron el anuncio de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, para mantener una semana más el semáforo rojo por la contingencia sanitaria y posponer este festejo, tentativamente, un mes más.

En realidad, papá no existe hoy en los centros comerciales. El 21 de junio está marcado porque el calendario así lo marca, pero nada más. Esta vez, por ejemplo, el supermercado Walmart no tiró la casa por la ventana como en años anteriores; por eso modestamente (una foto familiar con la frase "gracias papá por ser el mejor") promueve el festejo familiar -a mitad de quincena-, con un anaquel de vinos y licores, rodeado de botanas, chocolates, pantuflas, batas de baño, exhibidores de ropa y algunas bolsas para regalo.

Pero no, la gente no esta ahí porque se encuentra en la sección de alimentos y productos básicos, amortiguando el aumento de cinco pesos en el litro de crema, de tres pesos en la margarina, de otros cuatro en el litro de leche y tres pesos en las galletas.

-¿Habrá alguna promoción o descuento para el día del padre?, pregunto en el área de pastelería.

-Mmmm, no nos han notificado nada, responde el encargado.

 

-¿Algún descuento o promoción para este domingo en vinos?, pregunto en el pasillo de licores.

-No, ninguno, contesta la mujer a cargo del área.

La zona de electrónicos y computación luce vacía pues las tradicionales pantallas planas para que papá vea el fútbol o sus películas favoritas, tampoco tienen descuento. "Sólo meses sin intereses", me dice el encargado de la marca Samsung. "O puede apartar alguna con el diez por ciento y pagar el esto en 60 días". Me asomo a los precios de entre tres y veinte mil pesos y entiendo que, evidentemente, aquí tampoco hay ninguna oferta.

Salgo del supermercado y recorro el resto de los negocios y locales comerciales. Un letrero me hace reaccionar, el de la tienda "Julio" que ya lucía sus exhibidores llenos de ropa y carteles promocionando descuentos. "¡Estábamos esperándote! Por tu seguridad y la de todos, la capacidad máxima permitida de esta boutique es de ocho personas... Estamos cuidando cada detalle en nuestras boutiques para hacerte sentir segura y cómoda en tu propia casa".

 ¿Cómo no me había dado cuenta? ¡Las tiendas no están esperando el día del padre! ¡Sino que Sheinbaum anunciara el semáforo naranja para poder reabrir! Observo mejor y viéndolo bien, a esta tienda sólo le falta subir la cortina y que lleguen sus empleadas a hacer su trabajo: vender. Una escena similar me encuentro en la tienda Ivonne, donde con la cortina a medio abrir, la ropa fue devuelta a los exhibidores y un par de empleados realizan el inventario de la misma.

Así es. Los negocios están -como si fuera año nuevo- esperando la cuenta regresiva para abrir. Sin querer, la tienda Scappino empezó la tarde con el pie derecho cuando, por casualidad, entró un par de mujeres a preguntar por una playera para hombre y el dependiente (¡suertudo!) logró que la compraran.

Sin duda, ésta es la escena de la "vieja normalidad" que todos están esperando se repita ahora. Igual que la sucursal del Starbucks donde regularmente hacía fila para comprar un café, y que hoy reabrió sus puertas y adornó cual fiesta infantil para recibir a sus clientes con las frases "Bienvenido, estamos muy felices de verte" y "los extrañamos". La única diferencia es que ahora, la careta y el cubrebocas se convierten en la regla que te obliga a afinar más el oído, para poder escuchar con mayor claridad al vendedor.

Con información de La Silla Rota