"Mi familiar murió y ni internada le hicieron la prueba de covid"

Redacción

"A mí no me demostraron que falleció por covid, yo no voy a decir que falleció por covid, para mí fue una negligencia total", enfatizó Gisela al hablar de su tía Lizbeth, quien murió el pasado 7 de mayo en el Hospital General de México "Eduardo Liceaga", pero a pesar de que estuvo casi 15 días internada, nunca le realizaron las pruebas de diagnóstico del virus Sars-CoV2.

Lizbeth era una mujer trans de 49 años, era estilista y activista de derechos humanos que luchó mucho por los comerciantes. Su familia la describe como una persona que siempre se preocupaba por ellos, los cuidaba y tenía el sueño de poder comprar una casa para que todos vivieran juntos.

Desde hace algunas semanas tenía problemas con la garganta, pero el 25 de abril su doctor particular le dijo que sólo era una infección. El lunes 27 regresó porque la noche anterior no había podido respirar bien, el médico le hizo una radiografía y el daño en sus pulmones le hizo pensar que era covid-19, por lo que le dio un pase para el Hospital General.

Alrededor de las 11:00 de la mañana, Lizbeth llegó al Hospital General, de donde lamentablemente no salió con vida. "Ahí empezó el calvario", afirmó su sobrina Gisela, quien dijo que ella no quería que internaran ahí a su tía porque no había escuchado cosas muy positivas.

Lizbeth pasó un día completo en el área de Triage sin mayor atención que un tanque de oxígeno, lo que hizo que su condición se complicara. Su familia pensó en llevarla a un hospital particular, pero en algunos les dijeron que no tenían disponibilidad y en otros fue complicado porque les cobraban mucho dinero.

Fue hasta el martes por la mañana cuando les informaron que ya la iban a ingresar a piso, pero a Gisela le pidieron que entrara al área de Triage para quitarle la ropa a su tía, sin darle ningún tipo de protección, bajo la justificación de que no tenían personal.

Para entonces, Lizbeth se veía peor, "porque no le habían dado medicamento, porque sólo le habían dado un tanque de oxígeno, obviamente si tienes una cuestión respiratoria, de la garganta, lo que sea, no puedes tener a una persona 24 horas ahí, sin recibir absolutamente nada, en un cuarto donde le entra todo tipo de corriente de aire y donde una persona al lado estaba tosiendo como si tuviera pulmonía, cuando yo entré ya había personas mucho más críticas", dijo Gisela.

La trasladaron a la Torre de Cardiología, Angiología y Neumología, permaneció hospitalizada en la cama 452, en el cuarto piso, bajo el diagnóstico de neumonía, por lo que su familia pensó que no se trataba de coronavirus.

A Lizbeth le permitieron tener un celular, medio a través del cual estuvo en contacto con sus seres queridos. Ese martes en la noche sonó el teléfono: "Sáquenme de aquí, no me importa si me voy a morir, me quiero morir en la casa, no me están haciendo nada, aquí la gente no te ve, no te hace nada", le dijo a su sobrina, quien trató de calmarla y le dijo que tratarían de cambiarla a otro nosocomio.

El 29 de abril fue el último día que hablaron con ella, pero se escuchaba mucho peor, casi no podía hablar y tenía dificultad para respirar. Una doctora les informó que estaba muy grave y necesitaban intubarla, pero la familia se negó.

El jueves 30 de abril, Lizbeth ya no pudo llamar, pero les envió un mensaje de texto. "Nos dijo que pues sí se quería intubar porque ya estaba sufriendo mucho. Le respondí: ´tía, tranquila este es un procedimiento nada más, vas a salir de esto, todos estamos orando mucho por ti´".

"Nada más me respondido 'Te amo, bebé', y ya, prácticamente esas fueron las últimas palabras que escuché de mi tía, bueno que vi, porque fue un mensaje de texto", expresó Gisela mientras se le quebró la voz.


 

Los siguientes días los pasó en Terapia Intensiva, para el fin de semana ya no tenía diarrea y su presión arterial ya no era baje, aunque su nivel de oxigenación se mantenía en 70, cuando el nivel normal es 90. El fin de semana, el doctor les dijo que no presentaba mejora ni tampoco había empeorado.

La familia solicitó que a Lizbeth le hicieran la prueba de covid-19 y en el hospital les indicaron que el jueves 7 de mayo les entregarían el resultado, el cual nunca llegó.

Alrededor del mediodía, Gisela recibió la llamada que nadie quiere tener, desde el otro lado de la bocina su tío le dijo que su Lizbeth acababa de fallecer. "Ahí fue el otro infierno. Fue el shock emocional de cómo decirle a mi mamá, cómo decirles a las personas".

Otro de sus hermanos le dijo a su tío: "no vayas a dejar, por ningún motivo, que te pongan que fue por covid, a menos de que te enseñen la prueba", pero entonces se enteraron que nunca hubo tal prueba, que nunca se la hicieron.

A las 3:00 de la tarde, su tío les envió la foto del documento que emitió el hospital, en el que los médicos indicaron que "neumonía, probable Sars-CoV2" como causa del fallecimiento.

-No mamen, diles que te enseñen en este momento la prueba, pidió Gisela a su tío.

 -No, es que dicen que por eso le pusieron probable, porque no tiene la prueba, respondió él.

-Los resultados te los iban a dar hoy, señaló ella.

-No, que no tienen el resultado y que las pruebas solamente se las aplicaron a los pacientes que iban más graves, le dijo su tío.

Ellos cuestionan que en casi 15 días que estuvo internada, no le hicieron la prueba, ya que por su condición sí era paciente en estado grave. Incluso a ellos les entregaron antes los resultados de los test que se hicieron en un laboratorio privado, dos de los miembros de la familia dieron positivo a Sars-CoV2, pero son asintomáticos.

"Del Hospital General nadie sale vivo"

Gisela señaló que en el tiempo que su tía estuvo hospitalizada, por lo menos 20 personas fallecieron, pero nunca vio salir a algún paciente con covid-19 recuperado. Por la mañana, a las primeras personas a las que les dan información es a quienes falleció su familiar. 

Indicó que, por ejemplo, el sábado previo a la muerte de Lizbeth murieron 8 personas, mientras que el domingo hubo tres decesos.

Sí me gustaría ser muy reiterativa, nadie salió vivo de ahí" Sí me gustaría ser muy reiterativa, nadie salió vivo de ahí. En toda la semana que se aventó ahí mi tío, estamos hablando del 29 de abril al 7 de mayo, todos los días había fallecidos, no había ninguna persona que dieran de alta


 

Debido al diagnóstico de probable Sars-CoV2, no pudieron cumplir con la última voluntad de Lizbeth, quien quería ser enterrada en Hidalgo, de donde era originaria. La familia tuvo que incinerarla, pero también hacerlo fue complicado, ya que este procedimiento se hizo hasta el sábado, porque la funeraria estaba saturada y no tuvo fechas antes.

A casi 15 días del deceso de Lizbeth, su sobrina destacó que hubo muchas negligencias en el proceso, la primera fue que la dejaron 24 horas en la zona de Triage sin recibir atención. "No hay un sistema de salud eficiente, no tienen pruebas o no sé a quién se las están aplicando, esto es muy difícil, porque te quitan todo. Yo estoy muy enojada por cómo se dieron las cosas, porque no te dicen lo que realmente está pasando, no te garantizan una salud y ni siquiera creo que sea una cuestión de un hospital público y uno privado, sino que algo está mal y las cifras son mucho más altas". 

Para los seres queridos de esta mujer trans y activista, vivir el duelo ha sido muy complejo, aún más porque desconocen la causa real de su muerte. Sollozando, Gisela enfatizó: "Era como la mejor persona que puedes conocer en la vida y pues es complicado todo lo que pasó, porque un día estás ahí y la ves...  siempre nos decía ´hola bebés, ¿cómo están?´, y después ya no".

Con información de La Silla Rota