• Estado

El bazar que financia la búsqueda en fosas clandestinas de Veracruz

  • Miguel Ángel León Carmona
La búsqueda de sus hijos desaparecidos, ha costado al Colectivo Solecito 1 millón de pesos, que proviene de donaciones y sus ventas.

Huatusco, Ver. –Cuando Rosalía se graduó como cirujana dentista de la Universidad Veracruzana (UV), creyó que un modesto consultorio en el centro de su pueblo sería garantía de una vida tranquila. No fue así.

A su hijo Roberto Carlos, sicarios lo desaparecieron, y la sala de espera de su dispensario la adaptó como un bazar que hoy recauda fondos para la búsqueda de restos humanos en la fosa clandestina más grande de México.

[relativa1]

Son las 12:00 horas sobre la avenida 1, en Huatusco. Es domingo -día de plaza- y en el bazar que atiende la mujer de ojos verdes, campesinos le preguntan por camisas de remate para sus jornadas en los cafetales; también hay señoras que buscan filipinas para sus hijos universitarios, o chamarras para cubrirse del frío en la zona montañosa.

“Aquí todo es ganancia”, dice Rosalía Castro Toss, y explica que personas altruistas le envían por paquetería pacas de ropa -guayaberas y hasta vestidos de quinceañera- que ella vende a bajo precio. Las ganancias son canalizadas a sus compañeros del colectivo Solecito Veracruz, quienes en dos años han encontrado en el predio Colinas de Santa Fe, 153 fosas con 297 cráneos y miles de fragmentos de personas.

Este 16 de octubre, la Universidad de Notre Dame otorgó al Solecito el Premio Notre Dame 2018 “por su incansable labor en favor de las víctimas de la violencia de las drogas y la dedicación a la búsqueda de la verdad”. Dicho reconocimiento solo ha sido concedido a 10 personas anteriormente, incluida la Madre Teresa de Calcuta.

El presidente de la Universidad, reverendo John I. Jenkins, señaló que el Solecito se convirtió en un emblema de la demanda de justicia de la sociedad civil mexicana por las muertes y desapariciones en la guerra de 12 años contra el crimen organizado en el país, que ha dejado 37 mil desapariciones.

Son las 13:00 horas, Rosalía coloca precios a las prendas exhibidas en su bazar -que van de los 10 pesos a los 100 pesos-, y comparte que durante cuatro años la sala por donde hoy caminan sus clientes permaneció cerrada. Ello, luego de que su hijo Roberto Carlos Casso Castro, licenciado en administración de empresas, fue desaparecido junto a su pareja Cinthia Lisset Vicencio Delgado, el 24 de diciembre de 2011.

“La vida nos cambia de un momento a otro, pero mi hijo tiene mucha madre. Si yo me quedo aquí sentada ya estaría bajo tierra, no me queda más que contribuir. Como decimos las compañeras del Solecito, ¡Hasta encontrarlos!, comparte la dentista, e introduce a su historia que comenzó siete años atrás.

La navidad que no llegó a Huatusco, Veracruz  

Corría la noche del 23 de diciembre de 2011. Roberto Carlos Casso, de 38 años de edad, avisó a su madre Rosalía que viajaría a la ciudad de Veracruz puerto -donde trabajaba como profesor de bachiller- al informe de labores del alcalde de Huatusco. Al regreso recogería a su pareja Cinthia Lisset, y juntos pasarían la cena de navidad en Huatusco.

“Yo creí que iba a llegar a comer, por la tarde empecé a marcarle, pero me mandaba a buzón. Así se fueron unas 20 llamadas. Llamé a su amigo que vivía con mi hijo y me dijo que a “Beto” lo dejó en casa el 24 de diciembre antes de que él se fuera a trabajar. Contactamos a la familia de Cinthia -originaria de Tuxpan-, pero tampoco llegaron allá”.

Rosalía no durmió esa noche que era de júbilo en Huatusco. Se alistó las primeras horas del 25 de diciembre acudió a Veracruz para buscar noticias de su hijo. Lo buscó en su casa, en tránsito, policías, cruz roja, bomberos y hospitales. Al no tener suerte, imprimió mil fotografías y tapizó las principales avenidas de la región costera.

Días más tarde, una mujer de la comunidad de Tamarindo, Puente Nacional, llamó a Rosalía a un número que ella había difundido en carteles. Roberto y Lisset habían sido privados de su libertad. “Se los llevaron a bordo de una camioneta Ford Lobo, eran varios carros. Esa señora me dijo ‘al güero y a la mujer que anda buscando los bajaron de una camioneta Mazda negra, que era de mi hijo”, recuerda la entrevistada.

Rosalía al no hallar noticias de su hijo cayó en depresión. Fue hasta 2014, cuando se integró al colectivo Solecito. “Yo de casualidad conozco a Lucy. Una amiga me dijo que ella mandaba las fotos de los desaparecidos a Estados Unidos y a Centroamérica. En una marcha del 10 de mayo hablamos sobre la pasividad de las autoridades para buscar a los desaparecidos y ahí comenzó nuestra amistad”, relata.

“Lucy me dijo que hiciéramos un grupo de WhatsApp al que se unieron mamás que ya la seguían y otras que yo conocí en más colectivos. Empezamos a trabajar la difusión del colectivo y surgió la idea entre nosotros de crear un fondo (ahorro) mediante el cual pudiéramos trabajar sin depender de las autoridades”, agrega.

[relativa2]

El bazar del Solecito, un “puntal” para la búsqueda en Colinas de Santa Fe 

De acuerdo con la fundadora del Solecito, Lucía de los Ángeles Díaz Genao, la búsqueda de sus hijos en fosas ha costado más de 1 millón de pesos a lo largo de dos años; dinero que proviene de donativos de fundaciones, funcionarios y universidades; así como de rifas, vendimias, aportaciones de víctimas y ganancias que generan tres bazares, cuya matriz es Huatusco. De este gasto, “ni un peso hay del Gobierno del Estado”, asegura.

Ante la idea de crear un fondo entre las víctimas, Rosalía ofreció su consultorio dental para montar un bazar donde comenzarían a vender “cositas”, que al principio fueron donadas por las integrantes de esa agrupación.

“El bazar lo colocamos en lugar sagrado, junto a una tienda de artículos deportivos que era de mi hijo. Todo lo que aquí pongo yo lo vendo. Si digo, tengo esta llanta de carro no la ocupo, pero está en buen estado, le pongo signo de pesos y a las 2 o 3 horas ya la vendí. Así pasó cuando cambié de estufa, con unos rines que no le quedaron al carro y todo lo que se pueda ofrecer”, explica Castro Toss.

En agosto de 2016, el Solecito tuvo una prueba de fuego. Personas de identidad resguardada les entregaron en una marcha del 10 de mayo un mapa que detallaba un cementerio clandestino ubicado en el fraccionamiento Colinas de Santa Fe, en el puerto de Veracruz. La promesa era que allí encontrarían cientos de cuerpos inhumados; las madres necesitaban recursos para realizar una búsqueda independiente.

“Para ese entonces nosotros decíamos que éramos millonarias, porque en caja teníamos 50 mil pesos entre rifas, vendimias en carnaval y aportaciones de compañeras. Cuando empezamos la búsqueda trajimos a tres buscadores expertos de Iguala y vimos que los fondos no alcanzaban ni para costear la brigada dos meses en Colinas de Santa Fe, fue que recurrimos al bazar”, dice Rosalía Castro.

“Las compañeras comenzaron a donar muchas cosas. Yo saqué ropa mía, de mi familia, de mis allegados. Decidí montar el bazar en la sala de espera de mi consultorio por la cantidad de ropa que comenzaron a donar mis compañeros”, cuenta la madre. 

¿En qué se usan las ganancias del bazar?

De acuerdo con Rosalía Castro, las ganancias en el bazar del solecito van de los 30 pesos a los dos mil pesos por día. Con ese dinero han podido completar el pago de cinco brigadistas y un arqueólogo que de lunes a viernes buscan en terrenos arenosos restos humanos.

“Gracias a Dios ha sido un puntal muy importante para sostener la brigada. Sí recaudamos fondos, hay mucha gente altruista huatusqueña que llega con sus bolsitas de ropa; gente que me sigue en el Facebook hace donaciones económicas. Aquí tenemos una gran ventaja: no pagamos renta, no pagamos luz, no pagamos agua”, comparte la madre. 

Explica que entre sus benefactores hay instituciones, escritores -uno de ellos regaló toda su producción de un libro- “otra persona nos regaló toda su colección que tenía de CD originales, los mismos abogados de PGR, el exalcalde de Huatusco, Santiago Chicuellar Aguilar, la Universidad Veracruzana (UV) y diputados. Es un puntal que nunca nos deja”.

El dinero que recaban, es depositado a una cuenta bancaria que a su vez otra compañera del Solecito administra. Ese dinero se destina para sueldos de colaboradores, productos hidratantes -necesarios en la búsqueda que se desarrolla en climas extremos- comidas para los brigadistas y materiales de primeros auxilios”.

“Aquí todo es ganancia. Es entrega y ganas de trabajar para que la Fiscalía no nos detenga por falta de fondos. Hace cinco meses que nos quitó el apoyo de unos refrigerios, así que el bazar se deriva de una inasistencia de las autoridades”, comparte.

El éxito del pequeño negocio de Huatusco, motivó a más compañeras de Rosalía, quienes habilitaron dos bazares más en sus casas, en el puerto de Veracruz. “Yo les surto de ropa que llega a Huatusco. Escojo la ropa si mandan ropa de frío se queda por acá, y los vestidos de tirante y cosas más ligeras se van al puerto.

Al cierre de la entrevista, a Rosalía Castro se le pregunta ¿y tienen recursos suficientes para buscar en otros predios?, “Por ahora no, pero ya viste, nosotros los buscamos”, responde.

[relativa3]