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Informar cuesta vidas: crónica de conversatorio bajo fuego en Veracruz

  • Zaira Juárez
Entre el debut del Mundial y el luto por el asesinato de Luis Ángel, familias de reporteros caídos se unieron en Córdoba contra el olvido.

Córdoba, Ver. - Afuera, el país vibraba con la fiebre del fútbol. Pantallas encendidas, gritos, celebraciones. Adentro, en la Sala Z, el ambiente era otro: nombres, silencios y ausencias. La noticia había llegado de madrugada: otro periodista asesinado en Veracruz. Luis Ángel López Valdez, en Poza Rica.

No era un dato más. Era el motivo.

El conversatorio “Periodismo Bajo Fuego” no arrancó como un evento cualquiera. Se sintió urgente. Necesario. Doloroso. En el marco del Día de la Libertad de Expresión, Proyecto 13, Artículo 19 México y Centroamérica y La Unión Veracruz reunieron a periodistas, activistas y, sobre todo, a quienes han cargado con el peso más duro: las familias.

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Ahí, la violencia dejó de ser cifra.

“Las amenazas contra la prensa destruyen familias”, se escuchó entre testimonios que no necesitaban elevar la voz para pesar. Porque no solo se mata a periodistas: se arrebatan padres, madres, proyectos de vida. Se fracturan comunidades.

Jorge Sánchez tomó la palabra con la memoria a cuestas. Hijo de Moisés Sánchez Cerezosecuestrado y asesinado en 2015 en Medellín de Bravo—, no habló solo como activista, sino como quien sigue buscando justicia. Su lucha, dijo, no ha terminado.

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A su lado, María Fernanda de Luna Ferral sostuvo otra historia abierta. La de su madre, la periodista María Elena Ferral, asesinada en 2020 en Papantla. Habló de procesos rotos, de omisiones, de responsables que siguen sin nombre en una sentencia firme.

También estuvo la viuda de Ricardo Monlui Cabrera, asesinado en 2017 en Yanga. Su presencia no necesitó discurso: fue memoria viva en un espacio donde las ausencias pesan más que las palabras.

En la pantalla se proyectó “Bullet Machine”, una producción de Artículo 19. Imágenes que recordaron lo evidente: en México, ejercer el periodismo no solo es peligroso para quien informa, sino también para quienes le esperan en casa.

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De manera virtual, Juan Vázquez, oficial de comunicación de Artículo 19, aportó cifras que endurecen cualquier relato: desde el año 2000, más de 176 periodistas han sido asesinados y 31 permanecen desaparecidos en el país. Ocho de cada diez casos siguen en la impunidad.

La estadística encontró eco en la sala.

A nivel local, el periodista Benito Juárez Ramírez habló de la necesidad de sostener la labor con identidad y responsabilidad, diferenciándola del ruido de las redes sociales. “El periodismo importa: construye, informa y visibiliza”, se reiteró.

Pero ese día, más que una consigna, sonó a advertencia.

Al finalizar el conversatorio, nadie se fue igual. Afuera ya no importaba el marcador. Periodistas y representantes de medios salieron a alzar la voz. Improvisaron un manifiesto, uno más, en defensa de la libertad de expresión.

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No fue casualidad. Fue respuesta.

Porque mientras se hablaba de libertad, un compañero había sido asesinado. Porque mientras se proyectaban cifras, alguien ya formaba parte de ellas.

En Córdoba, por unas horas, el periodismo dejó de ser solo una tarea para convertirse en memoria, denuncia y resistencia.

Y en medio de todo, una idea persistió, incómoda y necesaria: informar no debería costar la vida.