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Deja Francisco Gali, legado artístico en Veracruz

  • Víctor Toriz
Su musa fue siempre Veracruz y la tercera raíz, la africana, cuya memoria genética heredó de su padre cubano y de su madre tlacotalpeña

Boca del Río, Ver.- El artista plástico Francisco Gali, falleció la madrugada de este jueves en su domicilio ubicado en el fraccionamiento Reforma de la ciudad de Veracruz, confirmaron familiares.

El muralista, pintor y escultor padecía una fibrosis crónica desde hace cuatro años, que lo mantenía conectado a un respirador artificial con cuidados especiales en su casa.

La enfermedad lo alejó del ejercicio artístico, pues por prescripción médica tuvo que dejar de pintar y esculpir.

El padecimiento fue desarrollado luego que se mantuvo expuesto por varios años a las condiciones insalubres en las oficinas del Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), institución en la que trabajaba como jefe de museografía desde hacía 30 años.

Gali Malpica fue reconocido ampliamente en la comunidad artística e intelectual del estado de Veracruz, por participar en la promoción del arte popular y la cultura veracruzana.

Médico veterinario de profesión, comenzó a desarrollar su vocación artística de manera empírica, para después especializarse en diplomados y estudios en historia del arte, que lo permitieron ubicar como museógrafo profesional.

En mayo pasado, Francisco Gali ganó un juicio laboral al IVEC, luego de que al inicio de la administración estatal le fuera reducido su salario al 50 por ciento sin ningún tipo de argumento.

El litigio que se hizo público por la solidaridad que mostró la comunidad cultural veracruzana, causó un fuerte deterioro a la salud del artista, que se vio sometido a mayores cuidados.

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Legado artístico

El legado de Francisco Gali se mantiene intacto en su casa, en galerías y en colecciones de particulares de admiradores o amigos suyos a quienes sin empacho decidió dedicarles algunas de sus obras en alguna ocasión especial o simplemente para celebrar su amistad.

Su tema recurrente fue siempre Veracruz y la tercera raíz, la africana, cuya memoria genética heredó de su padre cubano y de su madre tlacotalpeña.

Sus murales, en un tiempo, decoraron espacios de la zona metropolitana de Veracruz, tres mujeres y los jarochos plasmados en bardas son el recuerdo más nítido de su obra para el imaginario colectivo.

Algunos de estos todavía pueden verse, aunque dañados por el paso del tiempo y el desinterés de autoridades por conservarlos.

Los labios pronunciados y los ojos grandes hacen que los veracruzanos se sientan identificados, mientras que los turistas ven plasmada la alegría que identifica a la gente de esta tierra, afirmaba el pintor.

En las paredes y rincones de su casa diversas piezas son más que parte de la decoración, muestran a un artista plástico multifacético que pudo desarrollar con detalle diversas técnicas para pintar y moldear cuadros merecedores de grandes museos en salas majestuosas de Nueva York lo mismo que en los muros abandonados en la zona urbana de Veracruz.

El mérito de su obra lo hizo merecedor a diversos premios entre los que se encuentran el Premio Baluarte, de la Superación Ciudadana y Personaje del Año que otorga el Círculo Internacional de Periodistas.

Pero es el reconocimiento que las personas dan a su obra el que más disfrutaba, siempre contaba el día que una niña dijo a su compañera que era la jarocha del mural, sin saber que el artista se encontraba junto a ellas.

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