Daba clases de ética; ahora persigue a delincuentes
Xalapa, Veracruz.-"El trabajo de policía me ha ayudado a forjar mi carácter. Antes era una persona muy débil, era una maestra que daba Ética y les decía a los policías: pórtense bien".
Así empieza a contar su historia María del Rosario Garrido Cuéllar, quien nunca imaginó que sería policía y acabaría persiguiendo delincuentes con un fusil calibre 5.56 milímetros.
Quien empezó como maestra de Ética de cadetes y se enroló hace 15 años como policía estatal para que le pagaran el sueldo que no recibía como docente, es hoy una de las mujeres con más antigüedad en la corporación y con una vocación para llamar a sus demás compañeras a no dejarse corromper.
En su opinión, la ciudadanía también debe ser educada en este aspecto para desincentivar la corrupción.
Lo que ha aprendido en la corporación le ha ayudado a ser una mujer más fuerte y sobrellevar las situaciones personales con entereza. Le ha permitido salir adelante con dos hijos: la mayor, una niña de doce años que es sordomuda, y el menor, un varón de siete años.
En Las Choapas, a donde fue destacamentada por primera vez como apoyo al enlace jurídico, aprendió más de lo que imaginaba. "Aprendí no sólo a remitir, sino a tratar a la gente realmente; ahí supe lo que era el sufrimiento y la abnegación de un policía estatal".
* Ya no hay "polis" que pidan para sus "cocas"
Para Rosario, de 38 años de edad, conocer el "trabajo de campo" de un policía le ha dado la fuerza de carácter que necesitaba.
Sin embargo y contrario a lo que se puede pensar, su trato es amable y su gesto risueño, incluso cuando habla de las cosas que le ha tocado vivir. Cualquiera pensaría que una mujer que es capaz de manejar un arma larga y una corta sería incapaz de conmoverse, pero la voz de Rosario se quiebra cuando habla de sus compañeros caídos en el cumplimiento de su deber.
Esas experiencias, dice, le han servido para motivarla a prepararse, tanto física como mentalmente, ante la posibilidad de la muerte, así como preparar a su familia para el momento en que ya no regrese.
"No hay un día en que no me despida de mis hijos y les diga que voy a regresar. Pero también les he dicho cómo es mi trabajo y lo que puede pasar".
Rosario cuenta que, con ayuda de su padre, ha podido sacar adelante a su niña, que ya tiene 12 años y cursa la secundaria.
Además tiene un hijo varón de siete años. Juntos, los tres han aprendido el lenguaje de señas para apoyar la educación de la pequeña, que va a una "escuela normal".
A pesar de su trabajo, es muy apegada a sus hijos. Dejarlos hasta por tres meses, en los que se ha tenido que ausentar para capacitarse aún más, ha sido "un tormento, pero a la vez un triunfo".
En 15 años, Rosario ha tomado cursos de protección a funcionarios, sobre tiro, esposamiento, técnicas y tácticas policiales. Hace dos años, para ingresar a la Policía Acreditable, tomó un curso de investigación para policías estatales en Hermosillo, Sonora. Fue con ese motivo que estuvo tres meses lejos de sus hijos y descubrió con emoción que durante ese tiempo, días tras día, sus pequeños fueron tachando el calendario, esperando su regreso con ansias.
Esta mujer, que egresó de la Licenciatura en Filosofía y fue invitada a dar clases de Ética y Relaciones Humanas a la Academia de Policía, se enroló en las filas de la corporación para recibir el sueldo que no recibía como maestra, a pesar de que trabajó cinco años así.
Ahora es la mujer con más antigüedad en la Policía Estatal Acreditable, pero su vocación de maestra de Ética no la abandona y a veces se siente como la "mamá gallina" dando consejos a las más jóvenes para que no caigan en la "tentación" de la corrupción.
Destacamentada actualmente en el módulo de la Secretaría de Seguridad Pública de Las Trancas, dice que nunca falta el taxista que pasa a revisión y pretende ofrecerles un "moche" para sus "cocas", llamándolos "polis". Ante ello, Rosario les aclara, educadamente, que no son "polis", sino que son policías y que no necesitan dinero para refrescos, cuando ahí tienen hasta para alimentarse.
"Se trata de educar a la ciudadanía, de evitar y ya no fomentar esas prácticas. ¿Cómo? Primero dando el ejemplo, para que así las personas se den cuenta de que verdaderamente la policía está cambiando. Ya no somos el policía obeso que anda pidiendo para la coca".
* "Que mis hijos se sientan orgullosos"
Una de las compañeras más jóvenes de Rosario es Rubí Sandra Sánchez Saavedra, de 25 años de edad, dos de los cuales ha pertenecido a la policía estatal. De hecho, todavía la llama "maestra", aunque ahora es su compañera en el módulo de Las Trancas.
En Rubí lo primero que salta a la vista es su entusiasmo y decisión al hablar de los motivos que la trajeron hasta la corporación y lo orgullosa que se siente de haber tomado esa decisión. Una de las primeras frases que suelta es significativa de cómo se ve a sí misma: "No es que seas un superhéroe, pero ser policía te hace sentir como una persona que vale la pena, pues aparte de ser un ciudadano, eres un servidor público".
Y luego sigue: "Lo que me llamó la atención para entrar a la corporación fue saber que iba a luchar por los derechos y defender a la ciudadanía".
De haber egresado de la carrera de Ingeniería en Sistemas Computacionales, la cual cursó en Tierra Blanca, Rubí acudió a la convocatoria del curso para cadetes en la Academia de Policía a invitación de un tío, que es policía. Como todos los demás cadetes, tomó el curso inicial de cuatro meses.
Confiesa que al principio estaba incrédula de la manera en que la policía estatal había cambiado, hasta que ingresó a la corporación.
Admite que fue difícil para ella este cambio en su vida, pues nunca pensó siquiera tocar un arma. Ahora conoce lo básico, como es el manejo y desarme de cuatro armas. "El adiestramiento y los instructores han sido muy buenos".
Para esta joven mujer ha sido fundamental el apoyo de su familia, cuyos padres están orgullosos de ella, lo mismo que sus hermanos y su esposo. El ejemplo de su tío policía fue decisivo para que Rubí eligiera este camino.
Participar en los operativos "a sirena abierta" es una experiencia única para ella. "No he tenido temor, son otros sentimientos. Cuando una entra en acción, ya sea en recorridos o puestos de control, lo único de lo que estamos seguros es que no sabemos qué va a pasar. Nos ponemos en manos de Dios y estamos confiados en que todo va a salir bien".
A la fecha, a Rubí todavía no le toca presenciar accidentes o enfrentamientos en los que pierdan la vida sus compañeros y describe los operativos como escenas sacadas de algún filme de acción, que la emocionan:
"Nadie se imagina cómo salimos, nos vamos poniendo el equipo en el camino, obviamente con precaución porque vamos a una velocidad muy alta, pero ahí ya no te agarras de las manos, te agarras de los pies o... ¿cómo te agarras? Es una experiencia súper padre. Sientes la adrenalina y no sientes miedo, ya quieres llegar y ver qué está pasando".
Sin embargo, no solamente participa en los operativos de seguridad y vigilancia, sino también desempeña labores administrativas en oficinas, como otras mujeres y hombres del cuerpo policiaco.
Rubí se siente tan cómoda en la Policía Estatal que no titubea ni un segundo cuando se le pregunta si quiere tener hijos: "Claro que sí, y quiero que mis hijos se sientan orgullosos de la mujer que soy".
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