Campañas atípicas

  • Manolo Victorio
En el ejercicio de la política participativa, en el trabajo proselitista, no hay límites

En el ejercicio de la política participativa, en el trabajo proselitista, no hay límites.

 

Cuando se ejerce el proselitismo en las campañas, los métodos van desde seguir al pie de la letra lo que dicen imagólogos, mercadólogos, eminencias grises, analistas del discurso social, diseñadores de imagen pública y aprendices de Maquiavelo, o salirse por la tangente, atendiendo la naturaleza intrínseca de cada candidato, candidata.

 

Ir al puesto de tacos, degustar una gloria en el malecón, sentarse a comer picadas en el mercado, rayar un caballo fino en una ranchería, publicitar videos corriendo para dar el mensaje que se lleva prisa ir por a todos los rincones de la geografía electoral, empujar a la viejita en su silla de ruedas, enrollar un taco de guisado y comer -por 30 días lo que come el pueblo-  con el mensaje audiovisual de convencer que son nativos de una ciudad, que son pueblo de a pie, son recursos trillados, que la gente ya no se traga tan fácilmente.

 

Sin embargo, fuera del entorno urbano, las prácticas de convencimiento, de persuasión de candidatos y candidatas, caminan en sentido contrario de la lógica elemental.

 

Han surgido algunos personajes en la picaresca de la política veracruzana que han marcado historia cuando caminaron en pos del preciado voto popular.

 

Francisco Fernández Morales, apodado “El Potro”, llegó a ser diputado federal del PAN hace cuatro legislaturas, representando a La Antigua.

 

“El Potro”, muy conocido en la zona de influencia de la nucleoeléctrica Laguna Verde, por su defensa de las poblaciones contra los abusos de la CFE, le ganó a Héctor Yunes Landa, un profesional que ha vivido de la política desde que era estudiante.

 

La fórmula de “El Potro” fue simple, pero efectiva; concitaba, reunía a cientos de mujeres amas de casa de la región en cada mitin, en cada pueblo, ranchería o comunidad de armaban tumultos para ir a escucharlo.

 

Intrigado, Héctor Yunes Landa ordenó espiarlo. Se percató que el luchador social repartía pastillitas azules a las señoras en cada mitin, causando un efecto efervescente entra el electorado femenino que permeaba, obviamente, a favor de su causa, entre los varones de las casas de la región.

 

Como en los pueblos Radio Bemba es la publicidad más efectiva, en cada mitin, la audiencia se incrementaba, las señoras asistían festivas a escuchar la arenga de “El Potro” … y convencieron a sus maridos para votar por Francisco Fernández Morales, quien ligó una curul federal con un método que caminaba en contra de la ortodoxia proselitista.

 

El compositor Manuel Eduardo Toscano, autor de “Rata de dos patas”, La canalla” y “Pollito con papas”, venció en las urnas a sus opositores por la presidencia municipal de Huatusco y tomó protesta como alcalde en diciembre del 2005.

 

Manuel Eduardo, quien perdió su brazo izquierdo en una travesura infantil al quedarse atorado en un árbol de carambola, venció a sus adversarios con un discurso simple pero efectista: “Yo no voy a robar mucho, sólo tengo una mano”, decía en los mítines que más bien eran verbenas populares, cuando alzaba su único brazo sano.

 

Un alcalde de Cosamaloapan llamado Enrique Molina Arrioja, dirigente de la CNC San Cristóbal. en campaña se paraba en la salpicadera de un tractor Massey Ferguson, en medio de los cañaverales y arengaba a la clientela electoral con un discurso sincero:

 

“Miren cabrones, yo no les voy a engañar, soy cañero como ustedes, soy del pueblo como ustedes, sí voy a robar; pero poquito, no como esta bola de ratas que han estado en la alcaldía desde andenantes; voy a robar poquito pero voy a repartir”, gritaba en estribillo concebido en la filosofía brava, campesina, que no sabe de modales finos.

Y ganó.

Como escribió Héctor Aguilar Camín en su Manuel de Política en desuso (Nexos, 1 de julio de 1995), los usos y costumbres, las reglas no escritas de la política mexicana, siguen ahí:

 

VI. De la esencia patrimonial de los sexenios:

1. Amistad que no se refleja en la nómina, es pura demagogia.

2. No pidas que te den, sino que te pongan donde hay.

3. Entiéndase el enriquecimiento inexplicable de cada seis años como el único seguro a mano contra el desempleo inevitable de cada seis.

4. Entrantes o salientes, entre políticos como entre gitanos, no se leen las buenas fortunas.

5. Político pobre, pobre político.

6. Con dinero baila el perro, si está amaestrado.

7. No le cambies las convicciones, cámbiale los ingresos.

8. En política, ni un paso ni un peso propios.

9. Obviamente: Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

 

… del mismo costal

 

En el priísmo veracruzano se vive un cinismo elevado a la máxima potencia, una desvergüenza por seguir empoderados a costa de la dignidad.

Los priístas ahora se hincan ante el poderío de los Yunes del estero, lamen sus suelas, son vasallos, servidoras proselitistas, aun cuando en la fresca memoria de la persecución y el vómito negro están presentes.

El pillo de Javier Duarte, que prohijó a este grupúsculo de malandrines y reinis que ahora saltan al barco azul, debe tomar Pepto-Bismol cada tarde en el Reclusorio Norte, debido a los retortijones que le producen que sus antiguos discípulos en supina posición, prestos a la penetración ideológica.

El periodista Víctor Ochoa describe una fotografía donde aparece la diputada federal Anilú Ingram Vallines al lado de Miguel Ángel Yunes Márquez, flanqueados por un grupo de mujeres agitando banderas tricolores del PRI, en el colmo de la ambición partidista de unos y de la humillación pública de los rojos.

Habrase visto.

Y agrega el periodista Ochoa:

“Increíble: En el PRI nacieron políticamente. Con el PRI se hicieron millonarios. Después al PRI lo criticaron hasta el hartazgo, no lo bajaron de ser un partido corrupto. A los priistas los persiguieron, los espiaron y encarcelaron. Ahora, los priistas los arropan y les queman Incienso”

Después en acertado tuit lanzado a los dirigentes del PRI, Alejandro Moreno y Marlon Ramírez Marín, martilla un clavo demoledor en el ataúd que contiene el cuerpo inerte del tricolor: “las ovejas rojiazules vuelven al redil. ¡Viva el PRI, chingao! ¡Viva el hijo pródigo del priísmo! ¡Viva Gómez Morín! ¡Ups!

En otra foto aparece la ex alcaldesa priísta Carolina Gudiño Corro, la última discípula de Fidel Herrera Beltrán, en recorrido por colonias con el abanderado de la trinca PAN-PRI-PRD a la alcaldía de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Márquez, provocando la critica acida del periodista Ochoa.

Y vendrán tiempos peores, dice la sentencia bíblica.

Pobre PRI, tan cerca de Marlon y tan lejos de la dignidad.

 

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